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vinos y tapas en la calle logroñesa de Laurel.
/ FERNANDO DÍAZ |
El
Rioja y los cinco sentidos
Todos los años, el Gobierno de La Rioja, a través
de la Consejería de Agricultura y Desarrollo
Económico, organiza el programa ‘El vino
y los 5 sentidos’, un singular certamen que aglutina
distintas actividades con el objetivo de difundir la
cultura del Rioja. Artes plásticas, gastronomía,
debates, música y catas componen una programación
cultural que se desarrolla en diferentes localidades
de La Rioja durante todo el mes de septiembre.
El evento ha recorrido en sus anteriores ediciones diferentes
temáticas relacionadas con la cultura del Vino
de Rioja; desde la elaboración tradicional a
la evolución publicitaria del mercado vitivinícola
o el papel del vino como nexo de culturas mediterráneas
y la arquitectura generada en torno al vino.
En esta edición, la escritora Ana María
Matute clausuró la décima edición
del programa y destacó que el vino es el «símbolo
de la vida» comparándolo con la «sangre
de la tierra». De hecho, la exaltación
al buen vino y al buen beber marcaron el tono afable
de los ‘Diálogos con Ana María Matute’,
uno de los platos fuertes de este año.
En Logroño tiene su sede el Consejo Regulador
y la Cofradía del Vino de Rioja, nacida en 1984
y que tiene como principales fines y objetivos la exaltación
de la importante riqueza vitivinícola riojana.
Esta Cofradía ha elaborado un prontuario para
la degustación de Vino de Rioja. |
Textos: Pablo G. Mancha
La zona de Logroño recoge la mayor densidad de
habitantes de La Rioja y varios de los espacios en los que
gravita el enoturismo en nuestra comunidad. Logroño
y su comarca ofrecen un rico patrimonio natural surcado
por el Ebro y el Iregua y en el corazón de la ciudad
existe una singladura alucinante: la calle Laurel, el rincón
gastronómico por excelencia de nuestra capital, un
espacio donde el vino se da la mano con esas orfebrerías
del sabor conocidas como pinchos o tapas (champiñones,
embuchados, lecherillas, anchoas rebozadas o en vinagre,
tortillas, sardinas con guindilla y un larguísimo
etcétera). Cada bar posee su propia especialidad,
al igual que la calle San Juan, más larga y con infinidad
de sabores desperdigados por las desafiantes barras.
Pero además de los sabores, en un recorrido enoturístico
por Logroño no puede faltar la visita a bodegas como
Olarra o Juan Alcorta. La segunda de ellas, construida en
2001 y Premio ‘Best Of Internacional’ de Turismo
en 2003, posee un diseño subterráneo realizado
para evitar el impacto visual y lograr una arquitectura
al servicio de las necesidades de producción de la
bodega. La espectacularidad de su arquitectura y su moderno
sistema de elaboración la han colocado a la vanguardia
de la cultura del vino.
Otra bodega especial de La Rioja es la de Ontañón,
sita a sólo tres kilómetros de Logroño
y que posee una colección privada de esculturas,
vidrieras y pinturas del artista Miguel Ángel Sáinz.
La bodega en sí está articulada como un verdadero
museo y las botellas y las barricas comparten un mismo espacio
con las obras de arte con una naturalidad que desde el primer
momento cautiva a los visitantes. La singularidad también
reside es que es la mitología clásica el eje
vertebrador de la mayoría de las obras expuestas.
Otras de las claves enoturísticas de Logroño
es la calidad de sus restauración y las fiestas de
la Vendimia. Además, la Fundación Caja Rioja
organiza el Concurso de Vinos de Cosecheros de La Rioja,
en el que se premian los mejores vinos de estas características
que se elaboran en La Rioja.
Tampoco hay que pasar por alto la visita a bodegas como
Marqués de Murrieta, sitas en el increíble
castillo Ygay que parece brotar de las 300 hectáreas
de viñedo. El paisaje es mediterráneo, en
la transición entre el clima subhúmedo de
La Rioja Alta y el seco de La Rioja Baja. En Navarrete destacan
Bodegas Corral, una empresa centenaria con unas instalaciones
atractivas en plena Ruta Jacobea.
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